Acerca de los factores desencadenantes
Comprender los desencadenantes del asma es una parte importante del control de la enfermedad. Aunque un desencadenante no siempre provoque síntomas ni requiera cambios en el tratamiento, el seguimiento de lo que le afecta hoy en día puede ayudar a revelar patrones a lo largo del tiempo.
Al anotar sus factores desencadenantes, usted y su equipo médico podrán:
- Detectar lo que tiende a empeorar sus síntomas.
- Evitar o prepararse para situaciones que podrían provocar brotes.
- Tomar decisiones de tratamiento más informadas.
- Tener un mejor control de su asma a largo plazo.
No tiene que preocuparse por hacerlo «bien»: esto no es un examen. Se trata simplemente de lo que cree que puede haber afectado a su respiración hoy.
Por qué le preguntamos sobre el día de hoy
Cada día es diferente. Lo que registra hoy le ayuda a reflexionar sobre lo que está afectando a su asma ahora, no solo de forma general. Es posible que observe patrones como: «por lo general, tengo síntomas después de estar al aire libre en días con mucho polen» o «las mañanas frías suelen provocarme tos».
Este registro diario les ofrece a usted y a su equipo médico una visión más clara, sin necesidad de tener que recordarlo todo más adelante.
Qué significan los desencadenantes
He aquí una breve explicación de cada desencadenante:
El polen de árboles, pastos o malezas en el aire puede afectar a las personas con alergias estacionales o rinitis alérgica.
La caspa de las mascotas (pequeñas escamas de piel), el pelaje o la saliva pueden desencadenar síntomas, incluso en el caso de animales con los que se está en contacto a menudo.
El ejercicio o el esfuerzo físico pueden provocar en ocasiones síntomas de asma, especialmente si las vías respiratorias ya están sensibles ese día.
A esto se le denomina a menudo «asma inducida por el ejercicio».
El polvo en el hogar o en el lugar de trabajo, y los ácaros microscópicos que viven en él, pueden irritar las vías respiratorias.
Tener un resfriado o un virus —como dolor de garganta, secreción nasal o tos— puede empeorar los síntomas del asma o hacer que sean más difíciles de controlar.
Incluso las infecciones leves pueden provocar brotes en algunas personas.
La contaminación, el esmog o el humo de los incendios forestales pueden dificultar la respiración y empeorar los síntomas del asma.
El humo del tabaco, los perfumes, las velas aromáticas o los productos de limpieza con olores fuertes pueden irritar las vías respiratorias sensibles.
Los cambios meteorológicos —como el viento, el calor, la humedad o las tormentas— pueden actuar en ocasiones como factores desencadenantes.
El estrés emocional o la ansiedad no provocan el asma, pero pueden hacer que los síntomas se perciban con mayor intensidad.
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